Los primeros recuerdos musicales de mi vida fueron el Limón Limonero que me regalaron cuando cumpli siete años y un Lp de grandes éxitos de María Dolores Pradera, la preferida de mamá a la que nunca le gustó demasiado la música pero que con este disco abrió mis oidos. Sonaba en casa por las mañanas cuando vivíamos en Ferrol y aún me veo jugando y con el oído atento a las historias que cantaba, lentas, rimadas y con el tiempo especial del vals peruano.

A los valses de Chabuca Granda les aplicó su mejor estilo y con ellos triunfó. Esta Navidad, Carmencita me ha regalado Canciones para Enmarcar, un recorrido de Jaime Urrutia por un ciento de ellas y allí estaba una de María Dolores Pradera, no recuerdo si esta o quizás La Flor de la Canela. A muchos niños españoles de los sesenta se les quedó grabado en la memoria eso de «Dicen que no se estila ya mas/ ni mi peinetón ni tu pasador,/ dicen que no se estila no no/ ni mi medallón ni mi cinturón./ Yo se que se estilan/ tus ojazos y mi orgullo, cuando vas de mi brazo/ por el sol y sin apuro». No nos enterábamos de nada pero recordamos sin saber lo que era, como sonaban aquellas palabras rotundas, cantadas con rabia y suavidad o el acompañamiento de río manso de las guitarras de los Panchos. Y allá estoy todavía, al final de la calle María escuchando en otra habitación el viejo disco comprado en Real Bazar de Ferrol.

El disco más viejo del río

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