Este grupo era el que más sacaba la cabeza antes de la pandemia y después de ella promete un verano del 2021 de cabezas de cartel. Los de Sevilla han tenido tiempo de prepararse el nuevo trabajo y han seguido arremangándose por el camino ese entre macarra y poeta, entre lo que se mama, lo que se escucha y en lo que se cree. Siguen gustando de las introducciones largas y los arranques intensos, empezar como un grupo clásico de rock andaluz y acabar como los mejores del stoner…andaluz.

Una introducción efectista y cósmica llena de efectos de pedalera y teclados con los versos de aire lorquiano cantados a estilo flamenco, un compás de batería a los 2:20 y a los 3:10 un riff que anuncia tormenta. No dejan de aparecer los ecos de las lomas, el aire andaluz que fueron dejando los grandes de los 80, pero el colchon ya no es el de antes. Aquí hay la furia y la mala leche del principio de este siglo, lo stoner. El lado más kinkidélico permanece pero la atmósfera de este tema está mucho más trabajada. Los DMBK tenían treinta bolos cerrados ya en enero de 2020, grabaron tres temas del nuevo y empezaban a currarse los conciertos. Marzo de 2020 y todos para casa. Con lo que han tenido tiempo para currarse y pensar un segundo disco, que después del pelotazo del Salto del Gitano siempre es empresa difícil. La mezcla entre el espíritu metafórico de un cantante que aporta esas letras soñadas y en cuarteta andaluza, » Con la virgen de la mano/ Y a las puertas de la ciudadela/ Mi amor desnudo y solo/ Se dio la vuelta en la frontera/ Atravieso las balas/ Y en tu cara la luz de la mañana/ Rápida como la suerte/ A ver si a mi puerta llama» y la pared de sonido que levantan sus cuatro socios son una de las mejores noticias para el rock por la cara de estos años. Mejores cuando se apartan un poco de los Medina Azahara. Un concierto de los Motoreta es fiesta segura y energía, mucha energía.

Esperando los conciertos…

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