Tan standard como la Route 66 pero el toque genuinamente europeo que le dió Django. Desde 1924 ha dado en ser un símbolo de la melancolía. Con el toque canalla necesario para seguir enfrentándose a la vida con la gallardía que piden los que ves en sueños. Ha sido un clásico de guitarristas y cantantes, pianistas y violinistas. Todos han encontrado en ese fox-trot virado al swing hueco para su virtuosismo. El más conocido, un gitano nacido en una caravana en Bélgica que triunfó en el París de los 30 donde admiró por su resiliencia, una palabra del siglo XXI.

Ya era un gran guitarrista cuando un incendio en su caravana le dejo inutilizados un par de dedos de la mano izquierda y muy dañados los de la derecha. La convalecencia le sirvió para acercarse al jazz que hacia gente como Armstrong o Ellington, el de las grandes bandas. Con Stephane Grappelli fundó en 1934 el Quinttete du Hot Club y con ellos presentó su versión del clásico, la del guitarrista, la mejor. Fue tema de cabecera para Chet Atkins que recogió un poco de lo que había hecho Hank Williams con el Lovesick Blues. Se hizo un standard. La gente de Boardwalk Empire, una serie de 2010; cuando las grandes ganaron su prestigio; fabricó una banda sonora espectacular para enmarcar las peripecias de Nucky Thompson, el tesorero de Atlantic City al que da vida Steve Buscemi. Cinco temporadas donde se intercalaron los invitados conocidos y la Nighthawk`s Orchestra de Vince Giordano. A Matt Behringer, cantante de los previsibles National, le tocó este clásico y lo recreó al estilo más crooner que supo. Giordano lo llevó al lado más sentimental, a la neblina lenta de la escena que abría cada capítulo, cuando amanece en Atlantic City. «I’ll see you in my dreams/ And then I’ll hold you in my dreams/ Someone took you right out of my arms/ Still I feel the thrill of your charms…

Steve Buscemi, un Nucky Thompson del tiempo de las megaseries

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