A Calamaro le gustan los toros y le gusta escandalizar, le pegaría al mimo y adora bajar al parque a fumarse un porrito. Soberbio y a contracorriente, en el papel de su pez fetiche, ha desatado con sus opiniones un chaparrón de opiniones sobre un tema tan viejo como la vida, la política. No estoy de acuerdo con su opción y tengo claro que los gustos artísticos cambian menos que el pensamiento político de cada cual, aunque siempre hay un disco que escondes de las visitas. Se encuentran más de quince grandes canciones en sus discos, aunque no firma algo bueno de verdad desde la colaboración con Calle 13. Cargar la suerte es tan pretencioso como aliviarse. Los toros no son ideología. Y si no, pues cualquiera tiene una mala tarde. Eso no baja al argentino del más mínimo de los peldaños. Aunque le lluevan almohadillas.

Hace mucho tiempo de este tema. Calamaro tiene ahora 59 y entonces tenía 36. Otros tiempos, otras historias, otros pensamientos. Acaba de dejar Los Rodríguez y es su primer disco como una estrella de la WEA. Acelera su parecido estético con Dylan y retrata perfectamente un momento madrileño. Es su disco más español y no solo por Media Verónica o Dónde Manda Marinero. Desde el centro de Madrid voló a Miami y Manhattan para grabar junto a Steve Jordan, el seco batería al que Keith Richards considera su mejor colega musical y la mejor gente de estudio de NY, incluido Marc Ribbot. Su única compañía era Joe Blaney, técnico de los Electry Lady de Nueva York, colega de los Clash, y lo que es más importante, de Charly García. El argentino supo llevar las riendas y probar, aunque fuese una vez, el gusto por la concreción y el sonido menos disperso. Catorce canciones de las que sobresalen dos pelotazos, Flaca, este Loco y una resacosa canción llamada Comida China. Diego A Manrique habla de la repulsión de Calamaro ante las realidades consensuadas, quizás ese modo cínico de buscar siempre el envés de lo que se ve. El caso es que ha intentado después sacar la pata del burladero y espero que lo haya conseguido. Para mí, es como lo cantaba en Maradona, no me importa en que líos se meta Calamaro y pagaría la entrada si se pasase por Cádiz. Siempre será un diez. Aunque, pensándolo bien, si hubieran sacado más los de Vox igual no diría lo mismo. Los patriotas suelen ser indigestos.

Calamaro haciendo de Ortega Smith

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