En el 2001 Antonio Vega ya habia llegado a esa situación en la que podía tocar prácticamente en cualquier lugar de España con la certeza de tener una audiencia respetable. Sometido a un desgaste físico cada vez más evidente iba sorteando las preguntas recurrentes de todos los periodistas musicales y mostraba su amor inexorable por Marga, su compañera hasta el final y a la que él mismo, como Johnny Cash y June Carter, acompañó apenas un tiempo después.

Compuesta musicalmente bajo las reglas del reggae es la quinta canción de su disco de 2001, De un Lugar Perdido. Grabada en eléctrico, la  versión acústica que salió como bonus se llevó la palma. De la cruz a la raya es una de las más bonitas canciones de amor que he escuchado en castellano. Dan ganas de transcribirla entera. «Sigo en silencio su respiración/ acompasando los latidos de dos corazones./ Nunca le han faltado a nuestro amor/ para estar vivo razones«. Continua con su querida estancia donde se confunde la luz del noche y la del día y termina con el mágico «Donde las haya tenaz/ mujer de cartas boca arriba/ siempre dispuesta a entregar/ antes que sus armas su vida«. Y como tantas veces con él, no sabe uno donde empieza el poeta o donde acaba el músico. 

Antonio Vega con Marga, la razón de esta canción

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