Me gustan los australianos. Desde las antípodas siempre saben sacar buenos grupos y buenas canciones. Esta canción abría un recopilatorio de regalo de Rock de Lux a finales de los noventa. Gasolina para indies. Estaban también otros aussies, los Dubrovnicks con un temazo. Pero este pildorazo power-pop de efecto rápido abría el disco. Su brazo ejecutor DM3, el nombre de guerra del trío de Dom Mariani.

El australiano hijo de italianos lleva en la escena de Perth desde los 80 con The Stems, un verdadero grupo de culto con fans pero sin ventas. Tocando con The Saints pero vendiendo la mitad que ellos. Mariani debió esperar hasta los 90 para tener un mediano éxito con los DM3, un combo formado a partir de sus grupos de surf paralelos. Hicieron una gira por Europa en ese verano sin demasiada repercusión y de vuelta a casa. Les dió tiempo para dejar una parroquia de conocedores de del pop rock que apreciaban el estilo old school, un poco Paul Collins Beat que despachaban los australianos. Pero DM nunca ha dejado de ser un grande en su continente. Ha formado unos cuantos grupos desde entonces y hace tres años reunió otra vez a su querido trìo para volver por Europa. Con su potente rítmica melódica detrás, marca del power-pop y su letra sin pretensiones; «1 time, ,2 times, devastated/ I wanna be loved/ I wanna be hated/ I don´t know do in a lover game». Como una vieja píldora efervescente de vitamina C.

El italiano a la derecha

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