Una tarde viguesa de 1997 volví a oir a mi colega Felipe de la Rosa después de doce años. Hacia de corresponsal en Londres del programa de Julio Ruiz de Radio 3 y le contaba sobre la sensación del momento, este disco de Spiritualized. No sintonizaba mucho Radio 3 y no lo volví a oir más, pero escucharle sobre la cuidada edición de este disco al estilo de una caja de pastillas con prospecto incluido me hizo recordar viejos tiempos. Durante el invierno del 77 y hasta el otoño del 78, Felipe y yo nos fuimos todos los domingos al Rastro, nos recorrimos todas las farmacias de Tetúan y Bravo Murillo hablando como locos de música, de pintura y de libros con toda la energía de los diecisiete años y el palique de unos  especialistas de los prospectos. 

Eso era veinte años antes de este disco, y veinte años antes que Jason Pierce edite An Nothing Hurt en junio del 18 y se de una vuelta para presentarlo durante este 19. Pero aquí, en 1997 y en esta caja medicinal, Spiritualized se enfrentaban a un buen dilema. La pareja que formaban Pierce y Kate Radley, la teclista, se rompió antes del disco y esa situación rodea todo el trabajo. Pierce confesaba por entonces que es imposible hacer una canción de desamor si no se siente realmente, esa canción es Broken Heart. Come Together es la segunda y aparece después de tres minutos de un colchón de sintetizadores. Un muro de guitarras al más puro estilo Spector y un crescendo que recuerda a unos Verves, malditos después de que Kate se fuera con Ashcroft, su frontman. El mejor disco de los Spiritualized. Un absorbente sonido y un albúm lleno de drogas desde el envoltorio hasta el último surco. Un año raro el 97, el mismo año del Ok Computer de Radiohead, alta tensión para sensibles. Toda la irrealidad que refleja el riff pesado, repetitivo y agobiante, está en el video donde el Little J da sus últimos pasos, «Little johnny’s sad and fucked/ first he jumped and then he looked/ the tracks of time, those tracks of mine/ little johnny’s occupied/ come on/ come together/ come on/ come together». Buenos tiempos los del Parque Perón.

 

Una tableta, 70 minutos

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