El one-hit-wonder de los 90. Esta canción es del 93 y pertenece al movimiento anti-folk, una corriente de NY en la que estaban también Michelle Shocked y The Moldy Peaches. Editada en una tirada de 500 copias fue rebotando de emisora de FM en emisora de FM hasta que Geffen la edito a nivel mundial dentro de Mellow Gold, el disco del 94. Corrieron rios de tinta sobra la canción y el personaje. Un cantautor del metro que con esa mezcla de folk y rap decía que era un perdedor en varios idiomas.

Un pastiche hip-hop, un montaje… las versiones son innumerables. Está claro que Beck tuvo un momento de inspiración y le tocó la lotería, esas cosas pasan. Después, durante más de veinte años arrastró el enorme peso de este primer tema que se convirtió en mas que platino. Uno de los últimos momentos gloriosos de la industria discográfica al viejo estilo. Millones de singles vendidos cuándo no se soñaba con las descargas. Beck siguió intentándolo, sus primeros cinco años fueron buenos, hizo giras y se le vió en las páginas musicales. Después su figura fue cogiendo ese aire melancólico de los esfuerzos inútiles y hace tiempo que no se le detecta por el radar. El año que viene puede que sea cabeza de cartel en el FIB. Puede que fuera un año tonto, los noventa no tuvieron una personalidad muy marcada, pero este primitivo rapeado casi folk y de aire nirvanero es una de las canciones que definen una época en la que se hablaba de generación X y no de millenials. «In the time of chimpanzees I was a monkey/ Butane in my veins so I’m out to cut the junkie/ With the plastic eyeballs, spray paint the vegetables/ Dog food stalls with the beefcake pantyhose/ Kill the headlights and put it in neutral». Otra cancionaca, la última de una era.

 

Beck granjero

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