As Tanxugueiras poden ser a filla folkie dun destes do rock bravú que estremeceran nos derradeiros oitenta có acordeón de Rómulo. Los coruñeses que andan por otra entrada con el heavy panadeiro, están no furancho para facer un repaso a un par de frases hechas como home pequeno, fol de veneno o pao de punta non quebra nunca, al ritmo de una polka hecha ska. Esto es la otra cara de un single de coleccionista, ainda que sexa de coleccionista galego. A outra é a do panadeiro.

Los sucesores gallegos de los Carayos franceses por donde andaban Manu Chao y su hermano se convirtieron desde el principio a la religión de futbolín, de la que eran primeros devotos y a la que, en el Xabarín, dedicaron la Oda al Futbolín. Esa de Alexandre de Fisterra inventa a tralla brava. Aqui parecen ser los del San Furancho, equipo de barrio contando sus fungueirazos y dando un repaso al refranero gallego impulsado por el legendario acordeón de Rómulo Sanjurjo. Esto es el 91, un buen año para los que estábamos por Galicia y nos gustaba el rock. Empezaba o Xabarín y estos Diplomáticos daban desde Monte Alto un buen punteirazo a la adormecida escena del momento. Era posible hacer en Galicia algo parecido a lo que habían conseguido Mano Negra, un rock más amplio y ecléctico que igual podía coger de Vince Taylor como del reggae o inventarse la pachanka. Los Diplomáticos lo hicieron con el rock bravú y este 7″ es la muestra. «Trae o peito tatuado con sete tacos de reglamento/ sete tacos dun arroutado que non levo o seu pé o ferreiro» .

Sanjurjo e Souto, rock bravú

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