Los Enemigos cogieron «Señora» una canción más de Serrat que Mediterráneo y la hicieron suya. He visto cantarla a voz en grito en los conciertos que los de Josele daban en Galicia (su público más fiel), por chavales para los que Serrat vendría a ser como Antonio Machín o Lola Flores. Cuando firmaron esta revisión Los Enemigos llevaban diez años de carreteras secundarias, construyéndose una afición fiel que nunca los deja solos dispuestos a corear «Septiembre», «La otra orilla», o «Dentro». 

Se podría decir que esta versión es fiel, pero la dinamita que le meten Manolo Benítez y Josele con las guitarras acentúa la chulería de la letra. Hasta la entrada depiano del original la repiten en el riff de eléctrica y lo que en el noi del Poble Sec es burguesía en Los Enemigos es barrio. Y lo que Serrat modula, Josele lo grita. «Ya sé que no soy un buen yerno, soy un beso del infierno, pero un beso al fin , señora» y ese «señora» dicho por el grupo de rock más cheli que ha pasao por Malasaña, suena con mucha más mala leche. Ver todo el 2 de Copas de Lugo, sudoroso y cansado tras dos horas de concierto, cantar como poseídos en los bises «si cuando se abre una flor al olor de la flor se le olvida la flor» resulta, como poco, surrealista, pero no extraño. El poderío de la canción (y de la versión) hacen que nada choque, como diría Bruce, que todo fluya.

Puede que hayan vendido más camisetas que discos

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